Guillén lleva a los «Medias Blancas» al triunfo

Los que me conocen saben que no soy fanático de ningún deporte. Lamentablemente. No es algo de lo que me enorgullezca. Sin embargo, tanto por tradición familiar, como por gustos, me llaman la atención el béisbol y el fútbol (al que en Estados Unidos llaman “soccer”). Y continuando también mis raíces familiares he seguido de siempre a los Leones del Caracas por quienes grité de niño, escuchando los partidos por radio, y al igual que mis hermanos – y ahora mis dos hijos – apoyo a los Yankees de New York. Pero vaya emoción me llevé al ver a los Medias Blancas de Chicago ganar, el día de ayer, la Serie Mundial liderados por su manager, el venezolano Oswaldo Guillén (aquí le dicen Ozzie ). Termina así, de su mano y estupendo equipo, una de las variadas y curiosas maldiciones en el béisbol norteamericano: en 1919 un grupo de ocho jugadores del equipo, incluyendo uno de los más grandes, Shoeless Jackson, fueron acusados de dejarse sorbornar para permitir a los “Rojos de Cincinnati” ganar la serie. Así, fueron excluídos del juego de por vida y llamados los Medias Negras. Tras 88 años de haber obtenido su último título (1917), llegan a la Serie y ganan al resultar invictos en cuatro juegos contra los Astros de Houston.
Oswaldo Guillén, emocionado, señaló que …este trofeo es para Venezuela… Con todo el respeto para la gente de Chicago, pero sé que en mi país están celebrando como locos. No sé si habrá sido así, pero yo sí que lo celebro. ¡Felicidades Guillén! ¡Bien hecho, Chicago!

Un comentario

  1. Hasta yo, que sí he sido muy deportista, pero nada fanática del béisbol profesional, me emocioné ayer al escuchar y leer la noticia del triunfo, después de 88 años, del equipo de Chicago, a cargo del venezolano Oswaldo Guillén. Para los periódicos de aquí fue noticia de primera plana con enormes fotos del venezolano abrazado por el dueño del equipo, emocionado. No te cuento cómo estaban los locales públicos del país con televisores improvisados y llenos de personas compartiendo el momento, y otros en su casa, trasnochados y pegados al televisor también. Estos eventos son los que, al menos por unas horas, hacen olvidar las diferencias políticas y unen a todos los venezolanos por igual en una alegría común.

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