Pasado, presente y fotografía.

The passing of the train Hola. Tal vez debería decir: “A quien pueda interesar”, ya que dejé abandonado mi blog y quizás me lea ahora sólo yo y mi sombra. Mi inconsecuencia descansa en la intermitencia de mis estados de ánimo y mi escepticismo total respecto a nosotros los humanos. Emigré a Estados Unidos con mi familia después de 10 años de dar tumbos en Venezuela, dedicado a la computación y a la docencia, más a la primera que a la última. Fui astrónomo aficionado y me especialicé en redes de computadoras, particularmente con el sistema operativo Linux; jugué con la programación en Pascal, y aprendí un poco de todo y de nada. Me hice un generalista. En realidad, la década de los 90 fue para mí de búsqueda y de crisis. Rompí con 20 años de dedicación entera a la lucha social y política, durante la cual fui dirigente. Al abandonar mis ideas, por la convicción personal de su imposibilidad, quedé huérfano, tanto como el mundo lo está. No tengo religión que me sostenga, porque soy ateo a conciencia.
Estados Unidos es mi hogar ahora. Fue el hogar de mi padre por sus primeros 28 años de vida y nunca renunció a su ciudadanía. Yo bregué y heredé ese patrimonio. No soy de los que creen que la tierra donde uno nació es la mejor del mundo, y los nacionalismos y prejuicios chovinistas son contrarios a mi concepto universal.
Mi esposa y yo comenzamos una vida, casi desde cero, en Estados Unidos, como inmigrantes de primera generación: hemos aprendido el inglés a una edad avanzada, buscamos trabajar y ser felices en lo que sabemos, pero la realidad nos llevó a lavar platos, limpiar casas, pintarlas, asear inodoros o atender la lavandería de un hotel. Durante ocho años no se supo lo que eran unas vacaciones o días de festejo familiar. Trabajo, trabajo, trabajo… Cada paso adelante fue una lucha, que aún sigue. El mundo de hoy, de deslealtades, de mercado bursátil, de indivualismo sin límites, cinismo y competencia fratricida, deja poco espacio para que la calidad, los conocimientos o experiencia, se abran paso y triunfen. La mediocridad se impone en todas partes, e inunda con su espeso cinismo todas las instituciones del orbe.
El estrés de cada día y mi pesimismo consecuente, casi principista, sobre el destino de la humanidad, es más fuerte que mis anhelos y así, dejé de escribir. Mi cuerpo se ha resentido: repentinamente me surgió una enfermedad incurable en los ojos, llamada Distrofia Macular (no es lo mismo que la degeneración macular) y una en los oídos: tinitus (un grupo de grillos eterno que trinan en mi cerebro). Pero … puedo ver bastante bien, aunque no puedo leer letras en fondo blanco, o conducir vehículos de día. Las cosas brillantes me enceguecen y pierdo los contrastes, los detalles, la profundidad. Me las he arreglado con las computadoras, para sobrellevar esto y leo a través de Ipod y Kindle con fondo negro. En cuanto al ruido, el cerebro es una máquina maravillosa que puede adaptarse a casi todo, y puedo dormir y vivir sin recordar el molesto ruido, aunque en algunas ocasiones sea como la turbina de un jet. Aquí estamos, viviendo y luchando. Queriendo dar, lo mejor de nosotros. En los últimos tres años he sido administrador de sistemas en una empresa, donde me estiman, aunque mi problema con la visión (que apareció de súbito hace dos años) es un obstáculo para que pueda trabajar habilidosamente en esto. Mi esposa, que ha hecho una maestría aquí y cuya experiencia y conocimiento de la literatura hispana es amplísima, además de su profundidad intelectual y su vocación pedagógica, está en la búsqueda de una oportunidad cultural y social para dar lo mejor de sí. En estos momentos buscamos emprender, con nuestros años a cuestas, una nueva aventura, inversa a la de los norteamericanos sesentones: estamos tratando de irnos al norte, lejos de la Florida.
En esta apretada síntesis he dejado de mencionar lo más importante: nuestros hijos. Simplemente porque todo esto ha sido perfectamente soportable por ellos y para ellos. Somos, repito, primera generación de inmigrantes, aquellos que dan el primer paso para que los que siguen construyan su vida y puedan tener oportunidades de realización y aproximación a la felicidad. Llegaron de 18 y 9, ahora tienen 28 y 20. Uno está en la Universidad de Columbia y el otro es un músico nato, compositor, que ha labrado su propio camino y está estudiando en el college. Ambos son humanos íntegros. Repelen la injusticia donde la ven o la sienten. Son humildes y sinceros y los amamos. Por ellos nos vinimos y lo volveríamos a hacer mil veces más.
Esta ha sido una breve explicación. Por ahora no escribo, tal vez soy demasiado artista, demasiado estúpido o demasiado extempforaneo. Pero, a pesar de mis ojos… ¡estoy tomando fotografías! Uso cámaras tanto digitales como análogas, para crear imágenes llenas de arte, o al menos con mi visión del mundo que nos rodea. Hago énfasis en el blanco y negro, especialmente en 35mm y el formato medio de 120. Revelo mis propios negativos en casa y los digitalizo, o bien uso una cámara digital directamente. Para los que quieran los detalles técnicos o ver las fotos que he estado produciendo, les doy los enlaces a tres sitios:

http://flickr.com/emortiz

http://emorlix.deviantart.com

http://photo.net/photos/emorlix

 

2 comentarios

  1. Emilio,cuánta pasión e intensidad hay en tus escritos, las que siempre, en realidad, te han caracterizado. También tu transparencia y honestidad se traslucen. Y en medio del pesimismo o al final de él, ¡surge la fotografía!, esa afición retomada que tanto te está llenando y que junto con tus hijos y la More están conformando la razón de ser tu existir y la posibilidad de que nosotros podamos seguir disfrutando de tus estupendos relatos.

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