Notas pendientes: “La pared”

Roger Waters

He decidido escribir algunas notas pendientes. Irán apareciendo según se me vayan ocurriendo, de acuerdo a las repentinas irrupciones que la memoria nos depara. Son pendientes porque no las escribí en el momento que ocurrieron, pero pasaron por mi mente. Son pendientes porque, aunque el tiempo pueda haberlas disminuido, deben estar en mi blog, como registro, imágenes que deseo compartir y dejar.

 

Hace ya más de una década, cuando Venezuela era todavía mi hogar, tuve la oportunidad de ir a ver a Roger Waters en concierto. Todo el que me conoce sabe que Pink Floyd y Waters tienen un  lugar privilegiado en mi vida. No es sólo un asunto musical, es identificación artística, íntima, social y humana. Si alguien adivinó la multimedia antes que existiese el actual concepto, fue Pink Floyd y Roger Waters lo llevó al máximo. Utilizar todos los recursos posibles para transmitir los poemas, la lírica transformada en melodía, las pesadillas y sueños convertidos en canciones, eso fue y ha sido el arte magistral de Waters.

Sentado frente al computador en nuestro apartamento rentado de la calle Páez, en el Trigal, en la ciudad de Valencia (la de Venezuela), mi hijo Carlos escuchaba la radio. Ofrecían una entrada gratis al concierto a quien respondiera no recuerdo qué pregunta –¿tal vez sobre Sid Barret?–. Nadie respondía y yo, sin dar importancia a aquello le comenté la posible respuesta a mi hijo. Él llamó y ganó. Me dio la entrada. No fui. Nuestra situación económica era tan comprometida que no me podía costear el viaje a Caracas y los eventuales gastos del trayecto. No tenía como usar un vehículo ni recursos para gasolina. En ese entonces, para Venezuela yo era un viejo (y no había llegado a los 50) y no podía competir por trabajo con los polluelos que eran contratados por poco. No dije nada y simplemente pasó.

El año pasado se conmemoraron los 30 años de The Wall, obra maestra de Roger Waters y una de las maravillas artísticas que parió el siglo XX. El músico vino de gira a Estados Unidos para presentarla en una versión conmemorativa y esta vez estuve presente. Pero lo más grande y especial, lo que nunca imaginé, es que tuve la satisfacción de verla con mi amada esposa y mis estupendos hijos, ambos artistas, ambos amantes de Waters, de Pink Floyd y de La pared. Nos acompañó una querida amiga, entrañable de mi hijo mayor.

Ticket del concierto

Nuestros pechos retumbaron; las notas nos abrasaron, no como un abrazo sino como un fuego envolvente que nos transportó de inmediato. La pared que se fue construyendo paulatinamente a lo largo de la historia nos fue dejando — dominada por una tecnología espectacular– huellas en el corazón. Cuando el niño pregunta: ” Mother should I trust the Government ?” una frase se dibuja en la pared, como escrita por la conciencia: “No Fucking Way!”. La pared se llenó de sangre, de violencia y guerra y en un momento sublime y profundo vimos pasar frente a nosotros los rostros de los sacrificados por las mil y una razones de la vileza, el egoísmo y el poder. Soldados y civiles de la primera y segunda guerras mundiales, muertos de Vietnam, de las Torres Gemelas, del pueblo Iraquí y soldados de Estados Unidos, desaparecidos de Argentina, asesinados por la dictadura en Chile, y un largo e interminable carrusel de fotos que nos hicieron sentir vergüenza. La resurrección del final, con la explosión de la pared de nuestras pesadillas, nos rescató. Salimos distinto a como entramos. Algo muy hondo se removió y nos sentimos vivos. Mirando alrededor pudimos observar que hubo los que fueron y los que FUERON. Risas y cervezas por un tremendo concierto de rock para algunos, estremecimiento y convicción de haber presenciado un evento de una vez en la vida para otros.

Caminamos fuera del recinto, The St Pete Times Forum, y yo miré el cielo oscuro y sentí el viento frío de noviembre.  Mi hijo Carlos me regaló un libro, muy hermoso y perfectamente ilustrado elaborado por Waters para la ocasión. En el mismo se puede leer:

Recientemente me encontré con esta cita mía de hace 22 años:

“La interrogante que vino a mí es la siguiente: ¿ Servirán las tecnologías de la comunicación en nuestra cultura, para iluminarnos y ayudar a entendernos mejor, o servirán para engañarnos y mantenernos separados?”

Creo que esto sigue siendo una cuestión sumamente relevante y el jurado está presente. Hay un montón de basura comercial en la Red, y un montón de propaganda, pero tengo la sensación de que justo debajo de la superficie la comprensión está ganando terreno. Sólo tenemos que mantenernos escribiendo en blogs, haciendo twits, comunicándonos, intercambiando ideas.

30 años atrás, cuando escribí The Wall yo era un hombre joven, asustado. Bueno, no tan joven, yo tenía 36 años.

Me tomó mucho tiempo superar mis miedos. Sea como fuere, en los años intermedios se me ha ocurrido que tal vez la historia de mi miedo y la pérdida, con su inevitable residuo concomitante de  ridículo, vergüenza y castigo, ofrece una alegoría de preocupaciones más amplias: El nacionalismo, el racismo, el sexismo, la religión, ¡lo que sea! Todos estos temas y los ‘ismos’ son impulsados por los mismos temores que condujeron mi joven vida.

Esta nueva producción de The Wall es un intento de hacer algunas comparaciones, para iluminar nuestra situación actual, y está dedicada a todos los  inocentes caídos  en los últimos años.

En algunos sectores, entre las clases de los charlatanes, existe una visión cínica de  los seres humanos como un colectivo incapaz de desarrollar más “humanidad”, es decir, más amor, más generosidad, más cooperación, relaciones más estrechas entre unos y otros.

No estoy de acuerdo.

En mi opinión, es demasiado temprano en nuestra historia para saltar a esa conclusión, después de todo somos una especie muy joven.

Creo que tenemos por lo menos una oportunidad de aspirar a algo mejor que el ritual de masacre del “perro come perro” que es nuestra respuesta actual a nuestro miedo institucionalizado de unos hacia otros.

Siento que es mi responsabilidad como artista expresar mi, si bien cauteloso, optimismo y animar a otros a hacer lo mismo. En palabras del gran hombre, “Tú puedes decir que soy un soñador pero no soy el único.”

– Roger Waters, 2010 [ Los extractos del escrito est’an traducidos libremente por mi]

 

Fuente original del texto de Waters: http://www.rogerwaters.com/why

Escribir un comentario

Creative Commons License