Las huellas del mono. Los inmigrantes y Europa.

En más de una oportunidad he afirmado mi universalidad. Soy venezolano por accidente, como puede serlo de España, México o Japón (seguramente habla español, de otra forma no estaría por aquí) el que lee esta bitácora ahora. Mi bisabuelo paterno era probablemente asturiano, mi abuela paterna, india jíbara de Puerto Rico. Mi bisabuelo materno, oriundo de Suiza, del cantón de Neutchatel. Tal vez, aún no lo he confirmado, mi abuela era mulata o al menos tenía ancestros negros. Mi padre era de Puerto Rico, mi madre venezolana. Aunque comprendo la noción de patria y puedo digerir la emoción por los éxitos de los terruños en los que uno nace, no es menos cierto que ante todo y por sobre todo, me siento ser humano, mi patria es La Tierra, y la única frontera que concibo como definitiva es la que existe entre la no-vida y la vida y entre ésta y la muerte.
He visto, con tristeza y desprecio, cómo los custodios fronterizos españoles han pateado sin misericordia a un paria de este mundo que intentaba buscar la vida, allá por tierras españolas.

He observado, luego, como las autoridades españolas, han lanzado, a los pobres seres que intentaban huir de la miseria en sus arruinados países, a las fuerzas represivas de Marruecos, que ha expulsado a algunos a Senegal, donde les espera el infierno. Esto sin mencionar los asesinatos de gentes que han intentado ingresar a la Unión Europea.
Curiosamente, en las mismas fechas que estos hechos aberrantes acontecían, los antigüos exiliados republicanos celebraban un merecido y justo homenaje a México y a Lázaro Cárdenas, quien como presidente de ese país, abrió sus puertas a los refugiados que huían del martirio, la ignominia o la persecución de la España franquista.
Qué fácil es, para la rica Europa, abofetear y expulsar a los “indeseables” africanos, que “pretenden” llenar de problemas sus tierras, plenas de abundancia, comodidad, avances tecnológicos y prosperidad. Ahora, África es un cascarón vacío (me refiero a riquezas materiales, salvo algunas escasas excepciones). Un territorio saqueado, literalmente, por los europeos, que (incluída España) se “anexaron” tierras, se apropiaron de países, sometieron a sus habitantes, comerciaron y vendieron esclavos negros, extrajeron recursos naturales y utilizaron posiciones para su competencia con otras naciones. Italia, Francia, Portugal, Holanda, Inglaterra, Alemania, España, deberían tener la mínima vergüenza de, al menos, respetar los derechos humanos, de aquellos que están en la miseria absoluta, allá en África, entre otras cosas por el saqueo y posterior abandono por parte de los colonizadores.
El asunto de la inmigración es sin duda un problema gravísimo, que sólo refleja la profundidad de la desigualdad o mejor dicho, abismo, entre las naciones. El trato a los inmigrantes, sean ellos mexicanos que cruzan el desierto de Arizona, o africanos que intentan penetrar en Europa, o latinoamericanos que buscan salir del marasmo en Estados Unidos o Europa, es un fiel reflejo del “grado” de “civilización” que hemos alcanzado. Apenas y estamos unos ligeros pasos más allá del mono.
No puedo dejar de recordar a Carl Sagan y el libro que él y su compañera Ann Druyan escribieron y que me impactó tanto: Shadows of Forgotten Ancestors: A Search for Who We Are (Sombras de ancestros olvidados). Preocupados por el crecimiento del territorialismo, el etnocentrismo, la xenofobia, iniciaron la búsqueda de nuestros orígenes como especie, para intentar explicar, al menos en parte, por qué actuamos como actuamos. Pero, aunque no poseo el libro, (está en Venezuela) para citar con rigurosidad, recuerdo que en las líneas finales insitían en la necesidad de subir los peldaños que nos liberen de un pasado remoto, que alguna vez fue necesario para la supervivencia (como la defensa del territorio, la lucha contra todo extraño), pero que ahora sólo significan atraso, auto-destrucción y retroceso.
Confío, que todo aquél europeo, que se considere universal, humano y progresista, eleve su voz de condena, en sus blogs, canciones, poemas, trabajos. Es lo menos que se puede hacer para ayudar a la humanidad a escalar un peldaño más arriba de las huellas del mono.

2 comentarios

  1. Como inmigrante puedo decir que en cierta forma tienes razòn. Dolorosamente tienes razòn. Yo sufro una constante “descalificaciòn” por no ser “Spagnola”…porque nacì en Venezuela bajo la sombra de una araguaney…y mis “sapatos”(con s) son alpargatas…y mis “chéveres” son mejores que “guay”…Me he tenido que meter un puñal de Español de España para poder enseñar(cuando me dejan trabajar),…a hablar español peninsular, europeo. En puntos por titulaciones, en experiencias didàcticas…en todo esas formalidades voy adelante en la lista, siempre…pero a la hora de la selecciòn…escogen al que tiene 0,5 pts….sòlo porque naciò en España y “España es la mejor”…segùn creen porque no importa que rebuznen…lo importante es que sean españoles. Saludos y congratulaciones.

  2. Lamento que muchos españoles hayamos olvidado, las veces que fuimos extranjeros en Francia, Alemania, etc.
    Os escribo desde Barcelona. Soy amiga de jóvenes árabes marroquies y conozco Marruecos. (allí lloré sin ni darme cuenta, en sus calles,
    viendo tanta penuria..)pero no todo es tan sencillo. La persona que viene de fuera, en general deberían adaptarse a las costumbres del país. En general no se capta esa actitud, son pocos los que se comportan con respeto. Es un tema a debate muy amplio y con muchos matices.
    Podemos seguir charlando.
    besos

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