El “Herbie Hancock” que me debía

Herbie Hancock es para mí un eterno recordatorio de mi pasada –y lejana– vida bohemia. En una oportunidad, allá por el año 1973 y poco después de cobrar mi sueldo de medio tiempo como vendedor de libros en una fantástica librería de Caracas, me dirigí a comprar discos. En aquel entonces se podían conseguir los LP importados a precios similares a los producidos en Venezuela, con una diferencia de calidad pasmosa y otra cosa: con músicos cuyas producciones no eran reproducidas localmente. Me encontraba en una tienda de la avenida Urdaneta, no estoy seguro de recordar el nombre. Buscaba a Chick Corea.  Un joven, como yo, me miraba hurgar por entre las despensas, disfrutando con la sola visión de tanta música reunida. Me preguntó qué buscaba y le dije “cualquier cosa de Chick Corea”. No trabajaba allí, pero me acompañó amablemente hasta el estante donde debía encontrarlo. Entonces me preguntó si conocía a Michal Urbaniak o a Herbie Hancock. No le presté mayor atención. De pronto me puso dos LP de cada uno en las manos. Siguiendo mi estricta manera de ser en aquellos tiempos, me dejé llevar y los compré. Desde entonces ambos músicos formaron parte de mi haber musical. No había imaginado que Herbie Hancock era un experimentador, innovador, audaz y brillante pianista, quien buscaba incesantemente nuevos sonidos con raíces en el jazz, en lo que se dio en llamar fusión y que le llevó a ser grandemente respetado justamente por sus trabajos en aquellos lejanos 70.

Hace un año, en febrero de 2010, Hancock lanzó una producción multi-cultural, mezcla de ritmos, sonidos y tradiciones. Una especie de fusión global, donde el piano jazzístico acompaña a la sítara, los tambores del Africa, el rock y el sabor latino. Allí están entre otros Jeff Beck, Pink, Juanes, Dave Matthews, Derek Trucks, Peter Gabriel, Chaka Khan, Seal, Tinariwen, Oumou Sangare, Ceu, etc. Se trata del Image Project que según sus propios autores “pretende unir una multitud de culturas a través del canto y la expresión creativa positiva”. Lo han logrado. La brillante fusión mantiene la esencia de la fuente original, envuelta en el piano en una intensa conversación entre las culturas. El jazz o el pop se asoman para amalgamar y hacer un sonido único que contiene la universalidad de las culturas de la Tierra.

Aunque ha pasado un año, sé que muchos lectores desconocen su existencia y así como aquel amigo, a quien nunca pregunté el nombre, me introdujo a Hancock y a Urbaniak, así quiero yo humildemente recomendarles Image Project. Aquí les dejo con un vídeo del proyecto. Recomiendo ver más. En You Tube hay montones, por ejemplo, con Juanes. ¡Excelente!

Gracias a mi querida Morella por haberme hecho reencontrar a Hancock.

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