¡Feliz Halloween!

Les voy a confesar que siempre me molestó y sigue molestando, la imposición artificial y ajena absolutamente a la cultura latina, de la “celebración” del Halloween en los colegios privados de Venezuela. La clase media venezolana tuvo, durante muchos años, la posibilidad de viajar regularmente a Estados Unidos de paseo y pasar ocasionales temporadas allí. Con la proverbial facilidad con que los venezolanos adquieren costumbres y modas norteamericanas, acicateados por la facilidad con las que entierran sus propias tradiciones, adquirieron la costumbre de festejar el Halloween y el “Día de Acción de Gracias”, sin saber siquiera sus orígenes. Es sólo una “moda” que se impuso a través la influencia de este sector en los colegios privados y de allí al resto de la sociedad. El primero (Halloween) se asume como una especie de carnaval en miniatura (la fiesta de carnaval desapareció y sólo queda un pálido festejo en algunas ciudades) en el que los niños se disfrazan y hay motivos relacionados a la brujería en los adornos de la fiesta que sólo se circunscribe a los colegios y uno que otro club privado. El día de “Gracias” se celebra como “el día de la amistad” en mi opinión, sumamente cursi y superficial, como esa especie hipócrita de darse la paz de los católicos en el templo, aunque una vez que salgan del mismo, muchos sean tan miserables y explotadores con el prójimo, que le ganan a los peores demonios de las obras de Charles Dickens.
Dicho lo anterior, también es cierto que, viviendo en Estados Unidos, comparto y celebro con la sociedad sus tradiciones y festejos y cuando éstos son expresión cultural, socialmente asumida, con raíces e historia, me emociona participar y aprender de ellas.

El día de Halloween es una de esas fechas que me intrigan y que, de tener una casa, celebraría con todos los hierros. Aunque algunos venezolanos no lo sepan, hay muchos sectores aquí que no festejan el Halloween por tratarse de una celebración “pagana” y “diabólica”. Montones de evangélicos, católicos y otros cristianos (en especial fundamentalistas) cierran las puertas de sus casas con letreros para alejar a los niños. Apagan las luces o van a los templos para evitar la cercanía a los ritos “satánicos”. Sin ir muy lejos, algunos vecinos están en esa onda.
Apartando la consideración que sobre esa actitud tengo, debo señalar que el Halloween es una festividad en la que se mezclan sus orígenes celtas, previos al sometimiento cristiano de esos pueblos, con las tradiciones del cristianismo primitivo.
Sin pretender ser conocedor profundo del tema, sí conozco las raíces celtas de su origen. Sé que se trataba de una sociedad culta, muy organizada y estudiosa. Como toda sociedad primitiva (hasta nuestros días) los cambios estacionales eran fundamentales y representaban hitos en el camino o rutina de la vida cotidiana. Así, la entrada del invierno, representaba el inicio de la época oscura, tiempo de recoger la cosecha (a veces la abundancia) y compatirla, antes que se perdiera. Era una frontera entre el presente y el futuro, la vida y la muerte, la luz y la oscuridad. En el final de lo que ahora es 31 de octubre y los primeros dos días de noviembre, los celtas celebraban la fiesta del fuego. El paso de un mundo a otro. Esos días se suponía que los ancestros muertos podían tal vez viajar entre el mundo de los vivos y viceversa. Los cristianos, como forma de imponerse sobre una cultura que negaba a despojarse de esas tradiciones, establecieron originalmente su “Día de todos los santos” y “Día de los difuntos” entre los tres días que los celtas festejaban el paso al invierno. Para los celtas los días comenzaban con la puesta del sol (evening). Así se formó la palabra “Tarde, o víspera de todos los santos” en inglés All hallow’s eve que derivó en Hallows-e’en y luego en Halloween. Tal día, junto al de todos los santos y luego el de difuntos, abarcaba los tres días de celebración pagana céltica, una “casualidad” muy apropiada para imponerse sobre su cultura y creencias al igual que hicieron con los nativos americanos en Sur América.
Cuando un niño toca a tu puerta y esgrime Trick or Treat! (truco u obsequio – truco o dulce), un dejo lejano de un maravilloso pueblo sobrevive, reververando en el aire. No se trata del Diablo, Satán, las brujas o los demonios. De manera muy distorsionada, por los embates de la historia, los celtas dejan así una huella en nuestra memoria, para diversión de pequeños …y grandes.

Si quieres saber más:

Notas sobre los orígenes del Halloween, escritos por un militante neopagano, pero tiene datos interesantes y aparentemente sólidos. Aquí

Lo mismo de arriba, traducido al español, aquí

Otra nota, aquí

Un punto de vista católico, aquí

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