Morir por Wal-Mart
“Murió en el cumplimiento de su deber”, así reza la frase, casi transformada en lugar común, cuando algún abnegado personaje, cae muerto, ejerciendo su trabajo. Tal cosa es, ni más ni menos, lo que ocurrió al humilde empleado de la tienda Wal-Mart en Nueva York que murió arrollado por un estampida de compulsivos y desesperados compradores que esperaban anhelantes la apertura de las puertas del comercio, en vísperas del aquí llamado Black Friday, día de rebajas especiales, posterior al “Dia de Acción de Gracias” y sello inconfundible del inicio de las compras de navidad.
Jdimytai Damour, el infortunado empleado, abrió las puertas, tal vez con temor, sabiendo que afuera, como es habitual, esperaba una turba ansiosa de penetrar a como diera lugar, para “aprovechar” las rebajas, en una carrera contra todos, donde el lema es “debo llegar primero, por encima de los demás”. La multitud, aguijoneada por las tiendas, que estimulan los más bajos apetitos de compra, que exaltan la necesidad de adquirir lo innecesario, que promueven el “ahora o nunca”, prorrumpió doblando rejas de hierro y pisoteando a cuanto ser se les atravesara. Damour cayó y sus compañeros intentaron ayudarlo inútilmente. Las masas, cada vez más ajenas a su condición humana y más parecidas a las ratas de laboratorio, protestaron cuando los encargados de la tienda decidieron cerrar el establecimiento ante la muerte del empleado. La turba es responsable. Todo el que haya estado allí, corrido como un desalmado y empujado a sus semejantes es responsable, aunque sea indirectamente, de un crimen. Pero no es menos cierto que los principales criminales son quienes han echado leña al fuego de las compras, estimulado la locura para promover las ventas, no protegen a sus empleados y luego sonríen agradecidos a los imbéciles que van a comprar lo que sea, aunque el precio sea mucho más caro que el habitual: al costo de la dignidad humana.
¿Será que somos nosotros los que no somos humanos?
Fuentes:
En CNN (Inglés), aquí.
En Español, aquí.







Dormí apenas poco más de tres horas. Emoción y expectativas pudieron más que la necesidad del sueño, y a las seis de la mañana, sonámbula, apagué el despertador, me levanté y nuevamente como una drogadicta de felicidad, prendí el televisor para seguir bebiendo de lo que ya sabíamos significaría un cambio histórico nacional y mundial: el triunfo de Barack Obama en las elecciones de Estados Unidos.
Obama, the Man of the XXI century
We have had the privilege, my family and I, to be witnesses and humble participants in a historic event: Barack Obama’s victory for the United States presidency. For all of us who supported him, there is a profound sensation that it wasn’t just about fighting to change the disastrous policies of the last 8 years, there was something more. Several months back, when Obama was still battling in the primaries for the Democratic nomination, a Venezuelan friend of mine said that numerous people had told him there was no hope that the “colored one” would win. I then responded that the Obama phenomenon wasn’t simply another candidacy, but that behind him a social process was being expressed, which grew exponentially and went beyond the circumstantial to become historical.
Hemos tenido el privilegio, mi familia y yo, de ser testigos y humildes partícipes de un hecho histórico: el triunfo de Barack Obama en la contienda presidencial de los Estados Unidos de América. La profunda sensación en aquellos que le apoyamos es que no se trataba aquí de luchar solamente por el cambio de las nefastas políticas de los últimos 8 años, había algo más.
Es la 1:45 de la mañana. Fue un día de tensión y expectativa. Yo había votado temprano, el 21 de octubre, en una jornada que me tomó hora y media en la biblioteca pública cercana.






