Andar otra vez
En los últimos días mi cabeza ha estado dando vueltas, inquieta, tanteando la sensación de volver a escribir. ¡Han cambiado tantas cosas! De pronto he sentido la urgencia de recordar y volver sobre lo andado y así, tratando de poner la mirada en el futuro, por más que no lo quiera, sigo siendo un extempforaneo, ni de este tiempo, ni de este lugar, tal vez de ninguno.
Divagando sobre estos inútiles pensamientos que invoca la nostalgia, se ha aparecido mi esposa, mi bella Morella, queriendo compartir con la famlia unos vídeos que ha mandado nuestra amiga, la eterna, Meche. Podría creerse cualquier cosa, podría parecer que sólo se trataba de compartir un pedacito del viaje de ella y su Miguel Ángel a Barcelona; podría imaginarse un momento de risas y recuerdos, alegría de ver a unos amigos entrañables y también a una de sus hijas, Oriana, que se fue a España a robar mundo. Pero a poco de ver los seis trozos de vida, aquellos seis momentos de intimidad, ternura y alegría, captados magistralmente, con sencillez y humanidad, sentí unas ganas inmensas de llorar y abrazar a nuestros amigos, brindar por ellos y olvidar un poco nuestra titánica lucha americana.
El regalo de Meche para su amiga, me dejó el alma convulsionada. La filmación es soberbia; la musica, edición, la captura de los momentos, en las caras, los gestos, dicen una eternidad de palabras. Al final, cuando de la mano del poeta Machado y la voz de Serrat, recordamos que no hay camino, que se hace camino al andar, dejamos con nostalgia y lágrimas los vídeos y como diría César Vallejo, nos echamos a andar.







Morir por Wal-Mart
Dormí apenas poco más de tres horas. Emoción y expectativas pudieron más que la necesidad del sueño, y a las seis de la mañana, sonámbula, apagué el despertador, me levanté y nuevamente como una drogadicta de felicidad, prendí el televisor para seguir bebiendo de lo que ya sabíamos significaría un cambio histórico nacional y mundial: el triunfo de Barack Obama en las elecciones de Estados Unidos.
We have had the privilege, my family and I, to be witnesses and humble participants in a historic event: Barack Obama’s victory for the United States presidency. For all of us who supported him, there is a profound sensation that it wasn’t just about fighting to change the disastrous policies of the last 8 years, there was something more. Several months back, when Obama was still battling in the primaries for the Democratic nomination, a Venezuelan friend of mine said that numerous people had told him there was no hope that the “colored one” would win. I then responded that the Obama phenomenon wasn’t simply another candidacy, but that behind him a social process was being expressed, which grew exponentially and went beyond the circumstantial to become historical. 





